Cierta vez estuve de visita en una Iglesia Evangélica. El culto estaba muy ameno. La predicación me gustó. Pero luego de años de haber estado en esa Iglesia, la tengo en alto aprecio por dos razones: de su membresía salió la mujer que luego contraería nupcias conmigo. Y, un himno que se convirtió en mi eterno favorito, llamado: "Maestro se encrespan las aguas", que al escucharlo por vez primera esa noche, quedé de tal forma inspirado, que llegué a la casa a ubicar su número en mi himnario, y luego en mi Iglesia siempre hacía la solicitud al Director de Culto que lo cantara. Esto además, me inspira a hablarles de la música cristiana.

